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Por qué debés ir a monitoreo

  • 6 jun 2016
  • 2 Min. de lectura

Cuando nos presentaron al monitor de Español General, al inicio de mi primer cuatrimestre en la UCA, surgieron varias dudas entre mis compañeras (os) y yo. Él se notaba bastante tímido y apenas empezaba el segundo año de su carrera. Posiblemente, las cuatro horas semanales que nos proponían bajo su cátedra serían largas, aburridas, monótonas. Sin embargo, esas inquietudes se disiparon a medida que asistimos a las sesiones. Al final del cuatrimestre, quienes aprovechamos el monitoreo, estábamos convencidos y convencidas de que asistir a él fue una de nuestras mejores decisiones.

En primer lugar, el que nuestro monitor fuera un estudiante como nosotros no significó un problema, en cambio: dado que él se encontraba en el mismo ajetreo universitario y recién había aprobado las clases que nosotros cursábamos, comprendía muy bien nuestras necesidades y les daba respuesta. Nos ayudó a prepararnos para las evaluaciones mediante ejercicios bastante oportunos, y las actividades propuestas durante sus monitoreos se relacionaban estrechamente con nuestra carrera.

En segundo lugar, nuestro monitor dominaba de tal manera los contenidos de la clase que casi siempre resolvía nuestras dudas. Cuando no lograba responder a ellas, nos proponía que todas y todos investigáramos para tener una respuesta a la siguiente sesión. La preparación que mostró durante cada jornada no era gratuita. Él era de los mejores estudiantes de la facultad. Luego supimos que para ser monitor se necesita haber logrado un excelente promedio durante cada cuatrimestre de la carrera.

Finalmente, mis compañeros (as) y yo encontramos en el monitoreo un espacio para errar y mejorar. Si fallábamos en una coma, en una tilde, en el uso de una preposición o en la redacción de un comentario, no tendríamos puntos menos, pero sí la experiencia de haber errado y de haber aprendido a mejorar. Asimismo sucede en los monitoreos sobre asignaturas dedicadas a las matemáticas, a la física o a la química, las personas monitoreadas pueden errar ahí y aprender mejor las fórmulas y sus ejecuciones para luego acertar en las evaluaciones.

Estas solo son tres buenas razones para ir a monitoreo, pero hay muchas otras. Si la asignatura que estás cursando no es tu fuerte y te están ofreciendo el monitoreo, aprovéchalo, al final del cuatrimestre vas a ver los resultados; y si es tu fuerte, seguramente podrás disfrutar de los monitoreos y aprender más de lo que ya sabés. Si asistís, vos te vas a dar cuenta de esas otras buenas razones para asistir a monitoreo.


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